A 50 años del asalto al cuartel de Madera. Las mujeres en el Grupo Popular Guerrillero

Nithia Castorena-Sáenz
Colectivo Epistémico de Teoría Crítica de Chihuahua

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Este año se cumplen 50 años del asalto al cuartel militar de ciudad Madera. Este evento no sólo marcó la historia de Chihuahua, sino la de México entero, pues el asalto marcó el inicio de la operación de grupos armados en el país, en la segunda mitad del siglo XX.

Aunque el asalto haya ocurrido hace medio siglo, el análisis y reflexión en torno al mismo conservan su importancia. Recordemos que es el presente el que le plantea las preguntas al pasado, y en el ánimo de transformación de un estado de cosas, es importante reflexionar en torno a las vías que otros, antes, han seguido; no para repetirlas como si fueran una receta de cocina sino para construir las propias, las presentes, a partir de sus experiencias.

Lo que a continuación se aborda es parte de una investigación más amplia que aborda las formas de participación de las mujeres en los grupos armados que operaron en Chihuahua de 1965 a 1972, entre estos el GPG. La posición teórica del análisis es feminista y responde a la pregunta ¿es posible que exista algún evento en la historia de la humanidad en el que las mujeres no se encuentren involucradas? ¿Es posible aislar a las mujeres en los hechos, o sólo se ha hecho esto en los textos y en las preguntas de investigación habituales?

El Grupo Popular Guerrillero (GPG)

Este grupo operó en la parte oriente de la Sierra Tarahumara de Chihuahua.[1] El GPG inició como un movimiento público que pugnó por una repartición justa de la tierra, y para ello denunció en todo momento a los caciques y oligarcas de la región serrana del estado, sobre todo en el municipio de Madera.[2]

Dado su origen en la zona rural, es posible ubicar en el GPG estrechas relaciones familiares, las cuales coadyuvaron en el desarrollo de sus operaciones. La tradición de vida en la sierra involucra a las unidades familiares en el trabajo necesario para la sobrevivencia, sobre todo debido al clima, las  actividades productivas y la lejanía entre poblaciones, unidades comunitarias y/o unidades familiares. En las Resoluciones del 2º Encuentro de la Sierra “Heraclio Bernal”, el GPG menciona que “Durante mucho tiempo el hogar, el barrio y la escuela son no sólo nuestro mundo sino el único mundo por más precario que sea,”[3] por lo que justificaban el inicio de acciones armadas en la defensa de este mundo.

Esta decisión no fue sencilla, y generó diferencias con otros movimientos campesinos y rurales. Sus primeras acciones armadas fueron la quema de la estación de policías de una ranchería y el asesinato de Florentino Ibarra. Una de las tareas importantes en ese momento de transición fue  establecer responsables tanto para dar continuidad a la “lucha de masas”, como para difundir su primera gran acción, el asalto al cuartel de Madera el 23 de Septiembre de 1965.

Más de un año antes, un periódico local mostró en su portada una nota titulada “Elementos del Ejército y Policía Enviados a Madera”, sobre esta delegación menciona que “El hermetismo oficial guardado en torno de esta comisión conferida a elementos militares y policíacos no permitió conocer en particular, qué clase de funciones fueron a desempeñar”.[4] Es muy probable que la operación militar en Madera haya estado activada desde los días previos a la visita de Gustavo Díaz Ordaz en su gira de campaña, y debido a las movilizaciones campesinas que se habían dado con anterioridad. En ocasión de este mitin del candidato del PRI, Álvaro Ríos y Jorge Rodas, involucrados en el movimiento campesino chihuahuense, fueron detenidos, acusados de incendiar el templete que utilizaría Díaz Ordaz frente a la Presidencia Municipal de Chihuahua.

A pesar de muchas circunstancias en contra, una parte del GPG decide continuar con el plan del asalto al Cuartel. Ahí murieron 8 de sus integrantes, a saber Arturo Gámiz García, Pablo Gómez Ramírez, Miguel Quiñones Pedroza, Antonio Scobell Gaytán, Óscar Sandoval Salinas, Rafael Martínez Valdivia, Emilio Gámiz García y Salomón Gaytán Aguirre. El grupo sufrió una emboscada al iniciar el refuego contra el cuartel. Fueron descubiertos. Apenas cinco personas alcanzaron a escapar, entre los que se encuentran: Guadalupe Scobell Gaytán, José Juan Fernández Adame, Ramón Mendoza Torres, Florencio Lugo Hernández y Francisco Ornelas Gómez.

No hay certeza sobre las formas en que se descubrieron sus planes, pero es posible que haya ocurrido a través de uno de sus entrenadores militares, el capitán Cárdenas Barajas, al parecer integrante del ejército en la V Zona Militar en Chihuahua, quien hacía creer que no estaba de acuerdo con el gobierno, pero que fue considerado “infiltrado” por algunas personas integrantes del GPG.[5]

De la conformación del GPG

En el caso de los integrantes del Grupo Popular Guerrillero se pueden identificar dos categorías. Primero aquellos que participaron en el asalto. Luego, aquellos que habían participado dentro del grupo, incluso en la organización del asalto al cuartel de Madera, pero que no participaron en éste.

El primer grupo está integrado por puros hombres y es posible dividirlos en dos subgrupos, quienes se dedicaban al campo, como actividad productiva, y los que no lo hacían (maestros y estudiantes). Aunque el grupo en extenso debió ser más numeroso, no es posible precisarlo. Si se centra la atención en el grupo de personas que llevó a cabo el asalto: menos de la mitad fueron campesinos. Más de la mitad de las personas que asaltaron el cuartel de Madera eran estudiantes o maestros. De los muertos, el 75% no eran campesinos (6 personas), tampoco lo eran el 40% de quienes sobrevivieron (2 personas).

Además, hubo personas que no se consideraron parte del grupo, por diversas razones, pero que sin su colaboración y ayuda, el grupo no habría podido operar en el modo que lo hizo. Muchas de estas personas son mujeres, y la invisibilización de su colaboración con el GPG, responde a una cuestión de género.

Víctor Orozco Orozco menciona sobre un grupo,[6] al parecer robusto e integrado por al menos dos mujeres, que tenía sus reuniones en la colonia Santo Niño de la ciudad de Chihuahua. Éste fue una especie de bastión urbano del GPG. Entre otras cosas, se encargó de la escritura y publicación de las revistas de Editorial Línea Revolucionaria, así como de participar dentro de grupos de estudio, hacer colectas, y enviar mensajes o “paquetes”.[7]

Estuvo integrado por estudiantes de la Universidad de Chihuahua y de otras escuelas, entre sus integrantes es posible ubicar a Pedro Uranga (UCh), Óscar González Eguiarte (UNAM), Jaime García Chávez (UCh), Víctor Orozco Orozco (UCh), Francisca Urías Hermosillo (UCh), Margarita Urías Hermosillo (Preparatoria UCh), Cristina González Tejeda (UCh), Guadalupe Jacott (Normal de Saucillo) e Irma Campos Madrigal (UCh).

¿Dónde están las mujeres después del 23 de Septiembre?

Los cinco sobrevivientes del asalto huyeron internándose en la sierra. Pedro Uranga Rohana y Juan Fernández, que no alcanzaron a llegar a Madera, huyeron a la ciudad de México. Sin embargo Pedro era el esposo de Paquita Urías Hermosillo, y habían ingresado juntos, ya casados, a la Escuela de Derecho de la UCh. Aunque algunas de las reuniones del GPG se celebraron en el domicilio de ellos, en la colonia Santo Niño de la ciudad de Chihuahua, Paquita menciona que ella no tuvo nada de información sobre la intención de asaltar el cuartel de Madera.[8]

A la pregunta sobre la forma en que la pareja negoció la estancia de Paquita en Chihuahua y la huída de Pedro a la ciudad de México, ella responde que era un hecho que ella se quedaba pues tenía “vida pública, no había problema”, y agrega: “yo me quedé en mi casa.” Al preguntar si contempló alguna vez la posibilidad de irse con él, menciona que “No, pues yo creo que él tenía que andar sólo ¿no? No era una concepción de la Adelita, de que andaba uno tras el hombre, sino que era… pues digamos, él tenía que hacer lo que tenía que hacer.”[9] Sin embargo, al momento de esa separación Paquita no trabajaba, y dependía del trabajo de Pedro, quien se desempeñaba haciendo notificaciones.

El padre de Paquita le insistió en que debido a la “situación extraordinaria” en la que se encontraba, “sería bueno” que tuviera una profesión. “Y bueno, mi papá siempre quiso que yo fuera maestra” Y su papá la convence diciéndole “Así tienes una carrera terminada, cualquier cosa que se ofrece tienes forma de trabajar,  tienes ingresos”.[10] Aunque ella no hace referencia a ningún tipo de presión o acoso por parte de las instancias judiciales y de gobierno en el estado de Chihuahua, luego del asalto, su situación de vida sí se vio transformada completamente a partir de este evento.

De los muertos en el asalto, los familiares sólo pudieron recuperar el cuerpo de Salomón Gaytán Aguirre. Todos los demás cuerpos fueron retenidos en el cuartel por los militares. Luego, es conocido el recorrido que hicieron con éstos, sobre una plataforma de camión trocero. Los pasearon por todo el pueblo como una forma de escarmiento más allá de la muerte, pero no a ellos, lo que buscaron las autoridades fue amedrentar a la población, lo doloroso de ver los cuerpos tendidos, revolcados, de las personas que quisieron, con las que convivieron. Carlos Montemayor, en su novela Las armas del alba, ofrece la imagen de los niños del pueblo corriendo tras el camión con los cuerpos de los guerrilleros, ésta obliga a reflexionar constantemente entre los objetivos buscados por el GPG y los resultados alcanzados.

Ningún otro cuerpo fue entregado a sus familiares.

Después de un recorrido impetuoso José Juan llega a Chihuahua. Intenta llegar a las casas de Guadalupe Jacott y de Rubén Aguilar, pero ambas se encuentran sitiadas por policías secretos. Entonces se pone a pedir dinero en la calle y junta para el pasaje a San Pablo Meoqui. Al llegar ahí, emprende su camino, a pie, hacia Delicias, con su familia. Ésta lo sacó en vehículo de ahí y se lo llevó a Jiménez. Había un retén de judiciales en la carretera, y su mamá, Doña Herculana Adame, se escondió la pistola 45 de José Juan en los calzones, para protegerlo. Así logra trasladarse hasta Torreón y luego a la ciudad de México.

A Alma Gómez Caballero, hija del Dr. Pablo Gómez Ramírez, le avisó su primo Esteban la muerte de su papá. Ella estaba con unas amigas afuera de la Normal de Saucillo. Fue la maestra Estela Ballesteros, que conocía a su papá, la que se la llevó a Delicias, con su mamá. De ahí salieron ellas y algunos familiares de Pablo, rumbo a Chihuahua.[11]

Al llegar a la ciudad se dirigieron a la casa de Guadalupe Jacott. Ahí se encontraron al papá de Óscar Sandoval, que también buscaba información, él vivía en Juárez, en la Chaveña, “un barrio bravo de esa ciudad”, el señor les enseñó las cicatrices de su brazo diciéndoles que en muchas ocasiones había estado a punto de perder la vida, pero “sin sentido” y que se sentía muy orgulloso de que su hijo tuviera “un objetivo noble y grande”.[12]

Alma recuerda que, en medio de ese peregrinar de una instancia a otra, la familia estaba en la comida cuando les avisaron que ya habían enterrado los cuerpos. Intentaron resolver el asunto en el palacio de gobierno pero los de salubridad les dijeron que debían esperar cinco años: “Nos afectó mucho cuando nos dijeron que los habían sepultado en la fosa común, sin cajón ni mortaja. Nos sentíamos muy agraviadas, nos dolía mucho que hubieran hecho eso.”[13]

El gobierno de Giner Durán, con este acto, castigaba al GPG y a sus familias, como una forma de hacer extensiva una ola de violencia hacia simpatizantes y colaboradores del grupo, hacia la comunidad impactada por el asalto, como una forma déspota y violenta de advertir que así les pasaría a quienes intentaran sublevarse. Es conocida también la frase que expresó al respecto del entierro en fosa común: “¿Querían tierra? Pues denles hasta que se harten.”[14]

Alma cuenta que el grito de dolor en medio del llanto era preguntarse por qué los trataron como perros. Sin embargo, no implicaba sorpresa por la acción del asalto.  “Lloraba porque me dolía mi papá, sí, pero a mí no me extrañó que él hubiera tomado las armas. Lo que me dolía era repetirme: ¿por qué esta gran primera vez y fracasan? Es lo que me dolía.”[15] En esta afirmación muestra cómo ella absorbió, en su formación familiar, una postura política, reforzada tal vez por el esquema de las Normales Rurales, que aún operaban en base a principios socialistas, desde su fundación por Lázaro Cárdenas.

El punto y seguido: Las conclusiones.

Al analizar estos procesos se busca sobre todo visibilizar a las mujeres a partir de su condición de género. La historia no juzga, reconstruye desde un punto determinado. Estas mujeres se vieron forzadas a salir a la luz mediante la violencia, antes de eso habían permanecido desvanecidas, invisibles, tras las actividades de sus familiares o de sus parejas. La misma Alma Gómez Caballero, lo expresa de este modo:

“En la mente del investigador que aborda el hacer social, las mujeres no existimos por nosotras mismas. Este juicio de valor opera inconscientemente, filtra los hechos, sin retener lo que concierne a las mujeres o relegándolas a segundo plano, los mecanismos mentales que le impiden tomar en cuenta a las mujeres producen un conocimiento, a la vez truncado y sesgado.”[16]

En los casos de las mujeres viudas, uno de los nuevos retos para ellas, fue la cuestión económica. Convertirse de forma repentina en jefas de familia implicó que debieron idear nuevas formas de manutención y sobrevivencia de familias comúnmente numerosas. Hay que recordar que la tasa de natalidad más alta en la historia del estado de Chihuahua, se dio precisamente en la década de 1950 a 1960.

En el caso de los hijos e hijas de Alma Caballero Talamantes y Pablo Gómez Ramírez, los maestros de la Normal de Saucillo que habían sido compañeros de Pablo,  “asumieron prácticamente la manutención de la familia”,[17] mientras Alma conseguía trabajo como maestra. Una ventaja para ella en su viudez, residió en contar con una carrera profesional concluida, como maestra normalista.

Esta condición coincide con la idea de la “jefatura sola”, ésta se ha definido como el papel en el que la mujer es la principal proveedora de los recursos para la reproducción cotidiana, y son éstos el principal o el único ingreso de la unidad familiar.

“La condición de jefatura se trata y se define por una jefatura económica a partir del trabajo remunerado y extradoméstico en ocupaciones que requieren una jornada de trabajo diaria. A esta jefatura económica se asocian otras injerencias paralelas que la refuerzan, como la organización del ingreso, la autoridad, la dirección o consenso y los arreglos domésticos o reproductivos.”[18]

Sin embargo, y por desgracia, no en todos los casos de nuevas jefas de familia solas, estas mujeres tuvieron ventajas de formación académica o redes fuertes de solidaridad a su alrededor, como ocurrió en el caso de Montserrat Vallares Valdez, esposa de Salvador Gaytán Aguirre, quien no murió en el asalto al cuartel de Madera, pero se involucró de lleno en las actividades armadas.[19]

Uno de los hallazgos más importantes en la investigación en extenso respecto al GPG y otros grupos armados, es el hecho de que en la búsqueda de una transformación social radical, los hombres tuvieron una especie de “permiso social” para dejar de cumplir con el rol de género de acuerdo a la época, es decir, no se les criticaba por ello pues se consideraba que lo hacían por buscar un objetivo mayor. Mientras que las mujeres que realizaban estas actividades, por lo regular, debieron cumplir con ellas además de cumplir con su rol de género, aun así enfrentaron críticas.

La reflexión sobre el pasado es, siempre, una obligación del presente. Aunque el pretérito no cambie con el paso de los años, las nuevas generaciones tendrán por fuerza nuevas preguntas que plantear. La situación actual en México nos obliga a plantear la actividad colectiva y la movilización social como una alternativa para la transformación; en ese sentido, es importante analizar esos intentos de luchas colectivas en el pasado inmediato, los frutos que rindieron, las formas en que se organizaron. Con el ánimo de plantear formas de organización social que de forma inherente y al interior, practiquen la búsqueda y la construcción de sujetos sociales.


Notas

[1] Es importante anotar el apoyo económico que tuvo de distintos líderes sociales a nivel nacional. Según lo afirma uno de sus integrantes, el grupo fue financiado, entre otros, por Rafael Estrada Villa, Roberto Jaramillo, Alfonso Pliego, Demetrio Vallejo, Ciro Jiménez Sánches y Arsasio Vanegas. Entrevista a José Juan Fernández Adame, realizada por Carlos Montemayor el 20 de Febrero del 2003 en Tampico, Tamaulipas. Consultada en Archivo de la BC, UACJ, Fondo Carlos Montemayor, Sección: Analista Político, Serie: Ataque Cuartel Madera, Caja 1, Expediente 21.16, F. 16, 26 fojas, p.1.

[2] Al respecto, es posible consultar: José Santos, Madera. Razón del martirologio, México, Imprenta Laura, 1968; Raúl F. Lugo Hernández, El asalto al cuartel de ciudad Madera, México. Universidad Autónoma Chapingo, 2006; Laura Castellanos, México armado 1943-1981, México, Era, 2007; Fritz Glockner, Memoria roja. Historia de la guerrilla en México (1943-1968), México, Ediciones B, 2007; Javier Contreras, Los informantes, México, Textos Universitarios UACH, 2007.

[3] Resoluciones del Segundo Encuentro de la Sierra “Heraclio Bernal”, México, Ediciones Línea Revolucionaria, 1965. Consultado en Archivo de la BC, UACJ, Fondo Carlos Montemayor, Sección: Analista Político, Serie: Ataque Cuartel Madera, Expediente 18, 86 fojas.

[4] El Heraldo de Chihuahua, 4 de Abril de 1964.

[5] Entre ellas Lupita Jacott quien, al hablar de las sospechas que ella tuvo de este “Capitán”, menciona que: “casi ni parque tenía para el entrenamiento y lo único que nos ponía a hacer era caminata, caminata y caminata…”. Entrevista a Guadalupe Jacott, realizada por Carlos Montemayor el 24 de mayo del 2004 en Chihuahua, Chihuahua. Consultada en Archivo de la BC, UACJ, Fondo Carlos Montemayor, Sección: Analista Político, Serie: Ataque Cuartel Madera, Sin clasificar, 50 fojas, p.11

[6] Víctor Orozco, Diez ensayos sobre Chihuahua, México, Doble Hélice, 2003, p. 250.

[7] Pedro Uranga menciona sobre unas revistas que imprimían en un mimeógrafo, en el cuarto de servicio de su casa, al parecer. Ahí mismo imprimieron las resoluciones del 2º Encuentro de la Sierra Heraclio Bernal, llevado a cabo en Torreón de Cañas, Durango. Entrevista a Pedro Uranga realizada por Carlos Montemayor, S/F. Consultada en Archivo de la BC, UACJ, Fondo Carlos Montemayor, Sección: Analista Político, Serie: Ataque Cuartel Madera, Exp. 21.18, F.18, p. 2.

[8] Entrevista a Francisca Urías Hermosillo realizada por Nithia Castorena-Sáenz el 14 de Abril del 2013 en México, D.F.

[9] Entrevista a Francisca Urías Hermosillo, realizada por Nithia Castorena Sáenz el 13 de Abril del 2013, México, D.F.

[10] Ídem.

[11] Entrevista a Alma Gómez Caballero, realizada por Carlos Montemayor, sin fecha, en Chihuahua, Chihuahua. Consultado en Archivo de la BC, UACJ, Fondo Carlos Montemayor, Sección: Analista Político, Serie: Ataque Cuartel Madera, Sin clasificar, 8 fojas.

[12] Ídem.

[13] Ibíd., p. 3.

[14] La Jornada, “Ciudad Madera, un legado con raíz viva”, 25 de Septiembre del 2000, disponible en

http://www.jornada.unam.mx/2000/09/25/006n1gen.html, Consultada el 17 de Febrero del 2013, 11:35 p.m. También en Minerva Armendáriz Ponce, Morir de sed junto a la fuente, México, Edición independiente, 2001, p. 73.

[15] Entrevista a Alma Gómez Caballero, realizada por Carlos Montemayor en Chihuahua, Chih., Sin fecha. Consultado en Archivo de la BC, UACJ, Fondo Carlos Montemayor, Sección: Analista Político, Serie: Ataque Cuartel Madera, Sin clasificar, 8 fojas, p. 3.

[16] Alma Gómez Caballero, “A 40 años del asalto al cuartel de Madera, las mujeres invisibles”, La Jornada, 7 de Noviembre del 2005, disponible en http://www.jornada.unam.mx/2005/11/07/informacion/87_madera.html, consultada el 4 de Febrero del 2013, 00:45 a.m.

[17] Entrevista a Alma Gómez Caballero, realizada por Carlos Montemayor en Chihuahua, Chih., Sin fecha. Consultado en Archivo de la BC, UACJ, Fondo Carlos Montemayor, Sección: Analista Político, Serie: Ataque Cuartel Madera, Sin clasificar, 8 fojas, p. 4.

[18] Luz María Salazar Cruz, Las viudas de la violencia política. Trayectorias de vida y estrategias de sobrevivencia en Colombia, México, El Colegio Mexiquense, 2008, p. 121.

[19] Para más información puede consultarse: Nithia Castorena-Sáenz, “Las mujeres en el asalto al cuartel de Madera el 23 de Septiembre de 1965”, en Chihuahua hoy. Visiones de su historia, economía, política y cultura, XIV, coordinado por el Dr. Víctor Orozco Orozco, Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, 2014.